Peregrinaje a Santiago de Compostela – la 7b en el Camino
Nuestro peregrinaje ya empezó el año pasado, cuando en clase vimos una película española en la que aparecían varias personas tumbadas en la Praza do Obradoiro, delante de la Catedral de Santiago de Compostela. Más tarde, las cosas tomaron su curso…tal como miles y millones de peregrinos antes de nosotros, el destino nos guió con pasos firmes a esta ciudad tan tradicional, tan especial y tan mística en el norte de España, en la imcomparable Galicia. (Por si se están haciendo esta pregunta: claro que una de las primeras actividades en Santiago fue tumbarnos en la Praza do Obradoiro…) En cuanto llegamos, nos dimos cuenta de que algo raro estaba pasando, como si los cielos nos estuvieran apoyando en nuestro deseo de realizar el peregrinaje: Galicia se encontraba, en contra de lo esperado y lo normal, en pleno verano. Durante toda la semana hizo un sol espléndido, a veces hasta llegamos a los 37°C, y no vimos ni una nube. La hospitalidad gallega, famosa en el mundo, también contribuyó gran parte al éxito de nuestro peregrinaje: los estudiantes vivían en familias anfitrionas que los acogieron con todo corazón y con este espíritu amable y abierto gallego que tanto apreciamos. Gracias a las familias, pero también a los muchos bares y restaurantes, conocimos la cocina gallega muy a fondo y nos encantó…hasta había Tarta de Santiago para una de los alumnos el día de su cumpleaños. Pero bueno, no habíamos ido a Galicia sólo para comer; aunque, para decir la verdad, ¡una escapada gastronómica vale la pena! Pero no, habíamos ido para ampliar nuestro horizonte, lo cual hicimos en muchos talleres de cultura en los que nos enteramos de la historia celta de Galicia, de la música y los instrumentos tradicionales, y en los que hasta aprendimos a bailar. Después nos dedicamos a la Catedral de Santiago y al Botafumeiro, increíble en sus dimensiones, tal como la catedral. Asistimos a una misa y nos quedamos aplastados… Pero pensando en el pobre San Andrés, quien tiene su lugar de peregrinaje en el norte de Galicia, decidimos hacerle una visita a él también. Y es más, todo el mundo debe ir ahí alguna vez, tal como dice el refrán: A San Andrés de Teixido, va de muerto el que no va de vivo. Así que nos equipamos con pañuelos, porque como cuenta la leyenda, San Andrés hará realidad tus deseos si dejas un pañuelo atado en el árbol del lugar que hace honor a su nombre. Una vez ahí en la costa norte de la muy bonita Galicia, aprovechamos para visitar Cabo Ortegal, los acantilados más altos de Europa y la playa de Valdoviño. Al final de esta semana, nos resultó más que difícil asimilar que de verdad ya se acabara. Todos estamos morriñosos, pero sabemos lo que hay que hacer en contra de la morriña: volver a Galicia lo más rápido posible porque lo que ahora todos tenemos muy claro es que Galicia te hace feliz.
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